Una meta más en mi vida

Autor: Edison Logroño
Lugar: Miami – Estados Unidos
Fecha: Enero de 2007

En realidad es un sueño cumplido algo que lo veía lejos de alcanzar pero que gracias a Dios y luego al apoyo de mi familla y mis amigos que son todos ustedes lo pude cumplir.

La noche anterior cuando preparaba el uniforme para mi debut los nervios se hacían presentes; escuchaba cada consejo que recibí de los ya expertos, los consejos de Raulito, sus enseñanzas, los empujes de Mario y Renzo me emocionaban y ya deseaba que pronto amanezca. Los últimos detalles del Dr. Sancho con quien compartimos esa noche, sobre la carrera, me dieron más fuerza.

Llego el momento no había dormido bien estaba nervioso, la lluvia estaba presente y empezamos a caminar hacia la salida que no estaba muy lejos, mientras lo hacia recordaba todos los consejos de todos ustedes la forma como debía manejar el ritmo y consejos de fuerza que el señor Carabalí me los dio.

Al llegar a la salida la lluvia era ya diluvio no había ninguna parte seca en nosotros, el frió estaba fuerte y me dije que hago aquí en que me metí, sentí miedo de no llegar, pero me despedí del Dr. Sancho con un abrazo y un fuerte apretón de manos nos deseamos suerte. Luego me tome cinco minutos cerré los ojos recordé la bendición que me dieron mis padres y el apoyo de mis hijos, me acerque a mi esposa le di un beso y le dije que rezara por mi, ella como siempre me dio toda su energía.

No hubo tiempo de calentar por la lluvia y empezamos la carrera en un principio lenta, despacio hasta calentar mis piernas, la disfrute marcaba mi ritmo gracias al reloj que me presto mi gran Amigo y su esposa a quienes mando muchos saludos y cariño Ceci y Mauricio Mata, al pasar la milla 4 me pasaron dos compañeros y me preocupe por que se alejaron rápido, pero me tranquilice y fui a mi ritmo ya que mi ilusión era primero llegar y luego ver si puedo hacer el tiempo deseado, al llegar a la milla 10 estaba bien me sentía de lo mejor, empecé a marcar mas el paso y a tomar los energéticos, al llegar al Km. 21 la satisfacción de ver a mi esposa fue muy lindo y eso medio más fuerza para seguir adelante con el recorrido que me faltaba, en este momento empecé a sentir molestias de mi estomago que en la milla 18 no pude mas y tuve que ir al baño perdí un par de minutos que me costaron regresar a tomar mi ritmo, pero una bandera ecuatoriana que apareció nuevamente me animo a seguir, gracias aquellos compatriotas que me motivaron mas, al llegar al Km. 35 estaba cansado pero con fuerzas, entonces imagine que me faltaban dos vueltas a la Carolina y llegaba, cada paso que daba sentía que era duro pero cruzaban muchas ideas por mi cabeza pero siempre estaba un objetivo que era la meta y me concentre mas y seguí, la ultima milla se hizo eterna cuando vi la meta de lejos dije gracias Dios mío ya llego dame fuerzas y pude picar un poco con lo ultimo de energía que tenia ya que, sentía que no era el tiempo en el que deseaba cruzar la meta.

La emoción me embargó y se me fueron las lágrimas de felicidad y más aun cuando abrasé a mi esposa y me dije lo hice si pude si puede. Esperamos al resto de compañeros claro que me dolía todo pero no importaba.

Es una sensación indescriptible hay que vivirlo para saberlo así que los que todavía no lo hacen cumplan su sueno no se arrepentirán.

Suerte a todos y Gracias nuevamente.

Edison Logroño

¡La mejor maratón de mi vida!

Autor: Diógenes Viteri
Lugar: Los Angeles, Estados Unidos
Fecha: Marzo de 2006

¿Por qué?

1. Porque les dio la oportunidad a mis hijas de explicar con lujo de detalles que debían de ausentarse de sus estudios y ocupaciones para acompañar a su padre a una MARATON.

2. Porque con la desenvoltura y fluidez de comportamiento Karolita y Alexa, se ratifica que esfuerzos y distancias, como las del cruce del Lago San Pablo que ellas lo hicieran años atrás, y como las de la MARATON, se funden en un mismo concepto de amor y entrega.

3. Porque la MARATON se convierte en UNO más de los innumerables eventos de este viaje meticulosamente planificados y ejecutados por Karolita como cosecha de su formación humana y profesional.
Su saludo de bienvenida no pudo ser mejor: “Padre, ahora juego en mi cancha y esto lo he preparado para Ti y para mi hermanita”.

4. Porque me permitió de admirar y compartir, una vez mas, la felicidad de mi hija Alexandra cuanto después de una búsqueda superior a las tres horas en la Biblioteca Publica de Los Ángeles, encontrábamos escritos, libros y documentos que ella no había encontrado ni en las más avanzadas redes virtuales. A la postre y ya en la puerta de salida de la Biblioteca me dice: “Pa, no te preocupes que Tú MARATON del domingo es mucho más fácil y con seguridad la harás en menor tiempo”.

5. Porque a menos de 20 horas de iniciar mi MARATON, no tuve ni siquiera la remota intención de cambiar, las expresiones de jubilo, admiración, sorpresa, asombro e ingenuidad cuando los tres, en un solo abrazo veíamos, los carros volar, las inundaciones y catástrofes irreales, los lagos ficticios y demás trucos fílmicos de la gigante cinematográfica estadounidense, por el descanso obligado de cualquier “atleta consumado” en pos de disminuir algunos minutos a una MARATON anterior.

6. Porque ya en la MARATON me alcanzó el tiempo:
– para gritar Colombia – Ecuador – Ecuador – Colombia al unísono con los aplausos de quienes animaban nuestra participación;
– para recibir de infantiles manos angelicales vasitos de agua casi vacíos;
– para besar con los ojos a mis niñas que habían hecho peripecias atravesando esa gran ciudad para gozar juntos la carrera;
– para utilizar el servicio telefónico ofrecido por jóvenes de la organización quienes corrían junto a nosotros mientras realizábamos la llamada;
– para admirar esa linda ciudad y a su gente que tal vez gozaban tanto como nosotros al vernos pasar;
– para sentir a mi corazón que latía a más pulsaciones de las recomendadas;
– para recuperarme de la mala pasada de mi pierna izquierda que me hizo parar en el kilómetro 36,
– para palpar la sensación de alcanzar la META sin más miramientos que el haber llegado, y
– Para agradecer desde lo más profundo a quien nos orienta y dirige en el mantenimiento de este SAGRADO VICIO y a todos con quienes codo a codo cumplimos la ruta para alcanzar el 42,195. En este inmenso espacio todos estuvieron presentes.

7. Porque a no más de dos horas de haber terminado la MARATON tenía las fuerzas suficientes para visitar la exposición del señor MAGRIFF, quien según mi hija es uno de los pintores más famoso del mundo contemporáneo, y finalmente,

8. Porque ahora, a más de 15 días de ese gran evento, pude escribir estas 8 RAZONES con el único propósito de ayudarle a la mente a recordar y al ALMA a prepararse para la próxima MARATON.

Muchos testimonios quedan, mas para continuar el dialogo, me permito compartir la grafica de mi corazón.
 PD/ Karola Maria realiza una pasantia laboral en Palm Springs (2 horas de Los Ángeles)
Alexandra, estudia Arte y Literatura en la Universidad de los Andes en Bogotá.

Parte de ese exclusivo y pequeño grupo de MARATONIANOS

Autor: Eduardo Naranjo
Lugar: Pedernales
Fecha: 5 de diciembre de 2004
Tiempo: 4:22:21

 

Fuimos a nuestro segundo paseo anual del grupo a Pedernales y la decisión de correr la maratón la tomé finalmente en la mañana del domingo (día de la carrera), tenía la inquietud desde unos días antes pero no estaba seguro de hacerlo, pensando en otras maratones cercanas en enero, marzo o abril.

Ese día amanecí con fuerza y con ganas de intentarlo. Las condiciones a las 5H30 eran de calor y humedad, decidiendo hacer kilómetros de 6 minutos. Efectivamente pasé la media a 2h06, exactamente al tiempo establecido. Al dar la vuelta para iniciar la segunda mitad nos miramos con Raúl y me preguntó si intentaría la maratón y le contesté que si, pensando dentro de mi que tenía que seguir corriendo con inteligencia, prudencia, hidratándome y comiendo regularmente.

 

El terreno no es el ideal para intentarlo pero me sentí fuerte mentalmente y continué. El apoyo constante de mi esposa Paquita y de mi hija Andrea en la hidratación permitieron que logue el objetivo. Tu mente se transporta a algún lugar indefinido, donde se generan una mezcla extraña fatiga, ganas de parar, ilusión por llegar, soledad, desesperación por donde esta tu gente de apoyo. A ratos no sabes si hidratarse más o que mismo hacer, en el punto donde detestas el gatorade y donde empieza a desconectarse tu cuerpo con la mente y las piernas. Fue altamente gratificante y motivante desde el km 35 me acompañaron buenos amigos que me dieron esa fuerza especial e indescriptible y el “si puedes”, ya falta poco, vamos que si lo puedes hacer.

Finalmente llegue al km 41, ustedes me pueden comprender, SOLO FALTA 1 KM, el cual transcurrió rápido y lo hice con cierta comodidad. Llegando a la meta, mi buen amigo Guillermo Alvarado, emocionado mencionaba mi nombre y otras frases llenas de alegría que de alguna manera me hicieron entender que el objetivo fue cumplido, que el esfuerzo del entrenamiento dio su fruto, que ya lo hice y que desde ese momento soy parte de ese exclusivo y pequeño grupo de MARATONIANOS.

Con un cariñoso abrazo

Eduardo

Uno nunca debe dejar de aprender

Autor: Eduardo Naranjo
Lugar: Maratón de Guayaquil
Fecha: Octubre 1 de 2006

Queridos amigos de Ruta 42

La vida nos va enseñando muchas cosas, uno nunca debe dejar de aprender, lo interesante es saber asimilar y poner en práctica estas enseñanzas. El año pasado en la misma maratón de Guayaquil, pasé la ½ a 1H57, este año pasamos la ½ a 2H02. El año pasado terminé la maratón en 4H27, este año en 4H04.

La maratón no es solamente la preparación física que la realizamos bajo la dirección de Raulito, también está el factor mental, fundamental en este tipo de pruebas. Debo ser sincero con ustedes, nunca estuve nervioso, ni con ansiedad, ni preocupado para esta maratón, con la experiencia del año pasado, cubrí los aspectos más desfavorables como eran el calor y la humedad.

El calor siempre será un factor determinante en Guayaquil, afortunadamente empezamos a las 5H00, una hora más temprano que el año pasado. La deshidratación la traté con abundantes líquidos, inclusive con Pedialite, que considero ideal para maratones con temperaturas elevadas. Para tratar los calambres en la carrera que se presentan normalmente luego del km 30, consumí muchos plátanos, dos o tres diarios en las ultimas semanas. Por supuesto que la dieta de proteína y de carbohidratos fue parte de la preparación final.

Empezamos la maratón un grupo parejo de 9 amigos de Ruta 42: Patricio Sancho, Erick Albornoz, Rubí Torres, Gabriel Ramos, Eduardo Moreno, Lenin Lucero, Juan Mantilla, Ramón Herrera del grupo de élite y esta amigo de ustedes. Desde el inicio fuimos muy conservadores, el plan era ir a 5H30 pero el ritmo ya en la carrera fue de 5H45 el cual mantuvimos una buen parte del trayecto.

Patricio Sancho se nos fue desde el inicio acompañado de sus 2 hijos en bicicleta, cada vez que nos cruzamos con Patricio veíamos que la distancia se incrementaba, pasó la ½ con una ventaja de 8 minutos. En algún momento Lenin y Gabriel apretaron su ritmo pasando la ½ con 2 minutos delante de los que permanecíamos juntos. Luego apretó Eduardo Moreno y luego Rubí aceleró, le seguí por un par de kilómetros y luego decidí regresar a mi ritmo de carrera inicial.

Alrededor del km 26 o 28 manteniendo mi ritmo, alcancé a Rubí, le pregunté como se sentía, me dijo que bien. A unos 200 metros adelante, podía ver a Eduardo Moreno, Lenín y Gabriel. Alrededor del km 32 alcancé a Eduardo, en el 34 a Gabriel y en el 38 a Lenin quien tenía problemas con su tendón. En la larga y extenuante avenida del estadio de Barcelona que tiene 3km de ida y 3 de regreso, pude notar que la ventaja que tenía Patricio se redujo considerablemente, calculo de unos 400 metros. En el km 41 pude alcanzar a Patricio y finalmente la meta completamente agotado pero con la satisfacción del deber cumplido.

Los últimos kilómetros no se los corre con piernas ni con cabeza, se los corre con el alma, con los recuerdos de nuestra familia, con el apoyo que nos dan ustedes. Estos kilómetros terribles se lucha contra todo, con las reservas de energía en cero. Estos son los momentos donde el entrenamiento, ese esfuerzo extra que uno realizó en alguna larga ayudan, ese sufrimiento experimentado y sentido en las cuestas del estadio un día martes o jueves, nos impulsan a continuar, el recuerdo de nuestros hijos que con sus cosas, con sus logros nos llenan de alegría y de fuerza para continuar.

Mis sinceras felicitaciones a todos los que corrieron Guayaquil 2006, a Diógenes Viteri y a Mauricio Rodríguez por sus tiempazos, son de acero. Igualmente para Javier Pozo por su enorme esfuerzo en su primera maratón. No me puedo olvidar del abastecimiento de Verito, Vladimir y Renzo, no saben como nos ayudó ese platanito y la bebida dulce.

Este estilo de vida que nos llena de tantas satisfacciones nos permite indicarles a nuestros hijos el camino apropiado para enfrentar este mundo cada día mas complicado. Esta maratón fue dedicada a Paquita mi querida esposa por su apoyo constante e incansable y a mi hija Andrea que con su esfuerzo académico y deportivo me demuestra su tenacidad y su dedicación.

Eduardo

 

Triunfo con sabor a derrota

Autor: Eduardo Moreno
Lugar: Maratón de Guayaquil
Fecha: Octubre 2 de 2006

Esta sería mi maratón más perfecta. Sería para mi, el mayor orgullo. Las cinco maratones anteriores, me habían dejado grandes experiencias. Los jalones de oreja de mi profesor, al fin me habían convencido, de lo que debía hacer y de lo que no debía hacer. Las lindas traducciones de Ruby, me habían enseñado muchas cosas. Casi me creía, que sabía ahora más que mi profesor. Había hecho 14 largas, de 26 a 35 kmts. Me hice un examen médico muy completo. Todo casi perfecto. No había sobreentrenamiento. Les daría una gran sorpresa, a todos mis amigos de Ruta 42. Preparé mis dos famosos brazaletes. En la mano izquierda llevaba, del kilómetro 1 al 21 y en la derecha, del 22 al 42.

Ahora vendría la parte sicológica. Todas mis maratones han sido dedicadas, a una persona muy especial. Ahora había una muy especial. Esta maratón estaba dedicada a mi nieto de 6 meses, que metido dentro de una funda plástica de agua, se chupaba sus dedos. Hice un pequeño cartel y lo pegué en mi camiseta,que decía: “Esta maraton está dedicada a mi nieto, YOSHUA, solo la muerte podrá impedirme, la culminación de esta”. Pero también había un gran compromiso. Esta sería mi maratón, de la clasificación, para ir a Boston. Tenía la confianza, de haber clasificado antes, con un tiempo de 3.45.57, pero una lesión me lo impidio. Ahora solo necesitaba 4 horas, había pasado la barrera de los 60.

Se abrieron las puertas del avión y pensé que había llegado al infierno. Tal vez me había equivocado de vuelo. Había llegado a Guayaquil. Empecé a ponerme nervioso y a cada persona que tenía la oportunidad, le preguntaba, ¿Cómo está el tiempo?. Todos coincidían. Está muy caliente. Pero me dije: No creo que supere el calor, al de mi primera maratón en la Polinecia, con 38 grados.

Parado en la línea de partida, sentía un aire fresco. Sentía una gran felicidad, por este maravilloso clima. ¡Que traicionero fue esto¡. En el kilómetro 1, miraba las espaldas de mis siete compañeros de Ruta 42 y estaban empapadas de sudor. Ahora sabía lo que me esperaba. Evitaba pensar negativamente. Kilómetro a kilómetro, veía mi brazale con el tiempo y mi reloj me indicaba; que no estaba corriendo a lo planificado. Había perdido 6 minutos, hasta el klómetro 23. Sentía miedo al pensar, que tenía que despegarme del grupo, para recuperar este tiempo. En este grupo yo era el abuelo de ellos. Estaban: Ruby, Eduardo Naranjo, Erick, Lenin y otros tres, que no recuerdo sus nombres. Decidí despegarme del grupo, para lograr mi clasificación.

En kilómetro 32, había logrado recuperar 5 minutos, pero no había alegría en mi, a pesar de faltarme solo un minuto, por recuperar y ver que estaba cerca de la clasificación. Ya sabía lo que me esperaba, conocía muy bién todos mis síntomas que iban apareciendo en mi cuerpo. Estaba pagando caro, aquel gran esfuerzo que había hecho, del kilómetro 23 al 32. Mis pulsaciones marcaban 165, esaba al límite de mis capacidades. Tomé la decisión, de olvidarme de la clasificación y ahora pensar; como iba a terminar estos 10 kilómetros faltantes. Podía tener dos fracasos, no terminar la maratón y por lo tanto no clasficar. Empecé a recordar, a quién estaba dedicada esta maratón y veía a mi nieto metido en aquella fuente de agua muy tranquilo, chupándose el pulgar derecho, mientras yo me sacaba la madre, por terminar esta carrera. Pero en su nombre, empecé a llenarme de valor y le dije: Este esfuerzo sobrehumano está dedicado a ti y no voy a defraudarte.

Había muchas cosas que vencer, en esta competencia. Los interminables 42,195 kmts, la soledad tan sola, de aquellas avenidas. A nadie le importaba nada este evento. No había un alma piadosa, que nos diera una voz de aliento. Solo había agua como hidratante, ¿Donde están las famosas marcas de bebidas como Gatorade?.

Iba pasando lentamente a muchos cuerpos moribundos, que lo único que quedaba de ellos, era su espíritu guerrero. Le encotré a la famosa, “María La Lavandera”, que tantos ejemplos de valentía y coraje, nos había enseñado. Ya no trotaba, arrastraba su cuerpo contra el pavimento. Por mi lado pasó una figura, de un hombre tranquilo y sereno, no había cansancio en su rostro, tenía una figura angelical, era: Eduardo Naranjo, de mi grupo que había abandonado 10 kmts. atrás. Me dio su voz de aliento y continúo.

De pronto apreció, como un milagro, mi familia de Ruta 42. Alli podía distinguir, a Renzo, Verónica, Bladimir y no sé quienes más. El solo pensar me causaba cansancio. Renzo me entregó una fundita, con un liquido marrón oscuro, parecía rón con Cocacola, parecía el elixir de la vida y Bladimir, con sus manitas sucias, puso entre mis manos un pedazo de plátamo maduro, parecía que ese sucio le daba un mejor sabor. Derramé unas lágrimas al pasar, por alli. Una vez más entendía, que este Ecuador lo llevo muy dentro de mi corazón y que este club, somos una verdadera familia. “Gracias a Dios, por traerme a este lindo Pais y tener una familia muy linda, llamada RUTA-42”.

Recordaba también, como los hijos de Patricio Sancho en sus bicicletas, nos tomaban grandes cantidades de fotos y nos sentíamos más acompañados, lo que hacía que este desierto, fuera menos arenoso y espinoso.

Iba en el kilómetro 40, un perro con el rabo entre sus piernas, su cuerpo esquelético y la zarna era su abrigo que cubría sus huesos, me ladró. No era un ladrido de fiereza, era la clemencia de un mendigo, pidiendo un pedazo de pan. Tal vez nuestras figuras se parecían bastante, él no tenía nada que envidiarle a mi, casi éramos el uno, para el otro.

Llegó el kilómetro 42, faltaban 195 metros. Allí encontré al resto de mi familía. Estaba mi querido Profesor, con muchos de sus hijos. Nos recibían como héroes. Sentía la alegría de los judios, cuando fueron liberados de aquellos campos de concentración, ellos no creían en su libertad y yo no podía creer, que al fin se terminabam, este largo sufrimiento. Levanté mi cabeza y vi al cruzar aquel reloj que marcaba: 4.10.08. Me sentía feliz de haber podido culminar una nueva maratón, pero muy triste de habérseme escapado la clasificación a Boston.

Alegré y decepcionado, me dediqué a felicitar a todos mis amigos, que iban terminando su maratón. De pronto vi algo que no lo podía entender, parecía un amigo cargando a un hombre pasado de licores. Lo sentó sobre una silla y parecía una marioneta, que le descolgaban sus brazos y su mirada perdida en el espacio. Era mi amigo RUBY y su cargador ERIK. Era increible, el esfuerzo sobrehumano que había hecho Ruby, para llegar hasta allí. Le hablaba y no me entendía nada. Viendo aquel cuadro tan impresionante, me fui a buscar, por todas partes un Paramédico. No había uno solo y ´pensaba que mi amigo podía sufrir algo grave.

Abrí la funda plástica que me dieron y lo primero que saqué, fue la medalla. Me parecía que estaba viviendo un sueño, era la misma medalla que me habían dado el año anterior, lo único que le habían cambiado, el número 1, por el 2. Recordaba la medalla que habían recibido, los participantes, de los 30 kilómetros de Samborondón. Era simplemente un pedazo de latón, sin ningún valor. ¡Que gran decepción.

Nada es comparable, con las competencias donde está patrocinado, por “TVENTAS” Y “EQUIVIDA”. Pagamos poco y recibimos mucho.

Gracias a todos los que participamos en esta maratón, los que nos dieron alimento, para el alma y el cuerpo. A toda la familia de RUTA 42, por el aliento que nos dieron con sus mails y a mi querido profesor, que a parte de ser un gran profesional, es también un profeta, nos predice lo bueno o malo que nos puede pasar. Termino deseándoles, a todos los compañeros que van a Buenos Aires, que tengan un gran éxito y logren terminar su maratón. Su éxito no solo será suyo, también será de nosotros. A mis queridas princesitas: Marthica de Romero, Margarita de Romero, Cecilia de Mata, Ana María de las Mercedes, La Tesorera y todas las demás princesas, que recibirán el título de “MARATONISTAS”.

Los hombres también lloramos….

Título:

Los hombres también lloramos….
Autor: Luis Eduardo Moreno R.
Lugar: Moorea (Polinesya Francesa)
Fecha: febrero 9/2002
Tiempo: 4.10.59

¡Hola Solé y Raulito!, siento grandes deseos de llorar de alegría por haber logrado culminar esta maratón, que me propuse hace dos años. El éxito de todo esto se lo debo a mi profe Raulito y a todo el grupo que componemos esta familia. Tuve que cambiar las instrucciones de mi profe, debido a la temperatura reinante en estos días.
   

Mis primeras lágrimas brotaron de mis ojos, cuando aquella mañana, sentado en aquella silla del avión, me dirigía a Tahití, en la Polynesia Francesa. Era mi primera maratón y sentía miedo al pensar en el fracaso. Había dedicado esta carrera a una persona muy especial: a mi hijo, que a temprana edad se había ido de este mundo. No podía fracasar y recordaba aquellas palabras, que un día había dicho mi querido profesor; “quien no es masoquista y aprenda amar al dolor; no podrá terminar una maratón”.

Empecé a elaborar un plan, con el único fin de terminar esta maratón, aunque me costara la vida. Recordaba a cada momento, las últimas palabras que mi hijo me escribió; “sé que voy a morir, pero no tengo miedo, porque tú me lo enseñaste….”. De mi maratón les conté a toda mi familia, a todos mis amigos y por lo tanto quienes formaban en aquella época este bello club. Tenía un enorme compromiso y no tenía otra salida que terminar aquella carrera, aunque fuera arrastrándome.

Llegó el día señalado. Estaba en la línea de partida a las 4 de la mañana y lloraba como un niño, pero la noche y el sudor que corría por mi rostro ocultaban mis lágrimas. Me preguntaba a mí mismo: serán lágrimas de miedo o de alegría y hoy entiendo que todas habían sido de alegría.

Los entrenamientos previos a la maratón me pusieron muy nervioso. La temperatura era muy fuerte. Podía calcular que ésta era de 35 a 38 grados.

Debido a este infierno de calor me propuse lo siguiente: correría los 21 kilómetros, dando el máximo de mi capacidad física. Antes que saliera el sol estaba haciendo igual que drácula, para no desintegrarme. La carrera comenzó a las cinco y diez de la mañana, pero el sol salió a las seis y treinta.

Pasé el kilómetro 21, en una hora y 45 minutos, rompiendo mi propio récord. Había cometido mi primer error, pues no había tomado en cuenta todas las instrucciones que había recibido de mi profesor. Miraba aquella tira de papel donde estaban impreso los tiempos que debía hacer, por cada kilómetro o milla y me sentía tontamente orgulloso, que mis tiempos mejoraban, kilómetro a kilómetro.

No podía creer que hasta el kilómetro 21 estaba entre los 20 primeros, pero sí entendía que iba camino al fracaso. Miré mi reloj y marcaba 1 hora y 45 minutos, pero lo más impresionante eran mis 172 pulsaciones. Mi segunda estrategia fue bajar el ritmo y utilizar mi garra y coraje, más todos los compromisos que tenía de por medio. Me esperaba mi hija con su familia. Había posado para la televisión, con la bandera ecuatoriana, donde decía: yo amo al Ecuador. Era el único representante de toda Sudamérica y de habla hispana. Todo esto parecía la torre de babel. No entendía lo que me decían y solo me limitaba a decir: oh si, oh si y mauururu mauururu, gracias en tahiziano. Es la única palabra que he podido aprender, porque siempre llevo en mi mente, aquella frase que dice: loro viejo no aprende hablar.

Mi calvario comenzó. A partir del kilómetro 21, estaba agotado deshidratado. Había pagado las consecuencias, de este gran esfuerzo. Estaba hasta ahora en la mitad de la carrera y sentía terror, al darme cuenta; que no podía terminar el resto de la competencia. Recordaba las frases de Raulito: quien no sea masoquista; no debe dedicarse al atletismo. Como iba a presentarme ante todos mis familiares y amigos, para decirles : he fracasado. Empecé a llenarme de garra y de coraje y me dije : Deshidratado. Había pagado las consecuencias, de este gran esfuerzo. Estaba hasta ahora en la mitad de la carrera y sentía terror, al darme cuenta; que no podía terminar el resto de la p„'( competencia. Recordaba las frases de Raulito : quien no sea masoquista; no debe dedicarse al atletismo. Como iba a presentarme ante todos mis familiares y amigos, para decirles : he fracasado. Empecé a llenarme de garra y de coraje y me dije : Prefiero morir, antes de tener que agachar mi cabeza de vergüenza estaba representando no solamente a un club a mi familia a mis amigos sino a todo un país llamado ecuador que me lo ha dado todo

Cada 2 kilómetros había abastecimientos de bebidas y frutas bebía mas que un camello y mis dos manos las llenaba de pedazos de frutas me portaba como un ladrón en cada puesto de abastecimiento todo lo arranchaba. Todos estos líquidos desaparecían de mi cuerpo debido a la intensa sudoración

Algunos días antes de la carrera había recorrido en auto todo el terreno de esta prueba todo el trayecto era un verdadero paraíso una flora llena de grandes plantas exóticas y un mar con su variedad de gama de colores pero debido al agotamiento físico ya nada de todo esto lo podía ver ni sentir las palabras del profe disfruta de la carrera bacilate la carrera no calaban en mi por fin llego el kilómetro 40 empecé a llorar como un niño

Pero todas mis lagrimas se confundían con el sudor de mi cuerpo entonces me dije si tengo que caminar con mis manos puestas en el suelo como un niño cuando empieza a gatear lo haré pero llegare a la meta

Mi hija me esperaba con la bandera del Ecuador a 500 metros de la meta y ella con sus brazos extendidos y corriendo al lado mío muy orgullosamente enseñaba el tricolor y todo parecía que yo fuera el ganador.

El público y las cámaras de televisión se habían concentrado en nosotros era una gran fiesta y el reloj marcaba mi tiempo 4.10.59.

 
Todo error tiene un precio por el cual tenemos que pagar. Aparentemente iba a terminar mi competencia, en 3 horas y 10 minutos, pero ésta se convirtió, en 4 horas y 10 minutos. El gran compromiso que tenía y el coraje hicieron que pudiera terminar esta maratón. Los errores cometidos en mis tres maratones, me servirán de experiencia, para no cometerlos en Chicago. Muchos queremos aprender y vivir en carne propia y no aceptamos los consejos de aquellas personas con experiencia, pero estos errores los podemos pagar muy caro. Nunca es tarde, para comenzar una nueva vida y les deseo a todos ustedes, el mejor de los éxitos. El terminar una maratón y cruzar aquella línea de finalización se siente una alegría indescriptible, que durará para toda la vida.

Termino diciéndoles; una frase que aprendí en este club, “la maratón empieza en el kilómetro 32”.

Saludos a todos mis compañeros los amo y los quiero porque todos somos un gran Ecuador.

FIN

Nuestra mente y nuestro corazón rutero

Autor: Elizabeh Galiano
Lugar: Maratón de Buenos Aires 2006
Fecha: Octubre 28 de 2006

Hola Queridos Compañeros y Amigos

Quiero compartir con ustedes un poco de esta experiencia,

Empecé en el Club el 17 de Agosto de este año, pienso que fue algo arriesgado tomar la decisión de participar en Buenos Aires.

Cuando escuche que habían 2600 inscritos, pensé que serian 2599 Atletas y un aficionado (Yo) ja-ja

Cuando llego el día no paraba de llover, pero era el momento, había entrenado hasta 32K, así que como nos dijo Gaby Solah es buena idea dedicar a alguien que tu quieres cada Kilómetro para resistir con Amor lo duro de la competencia, no les daré toda la lista, pero ahí estuvieron mis papis que junto a Dios imagino vieron en primera fila desde el cielo toda la Maraton.

Escuche muchas cosas antes, como la Pared, los calambres, los desmayos, la deshidratación, después del Kilómetro 32 todo era desconocido para mi así que espere que me pasara todo lo antes mencionado pero no encontré a ninguno de estos gigantes, parece que estuvieron solo en mi mente, con algo de pena debo decir que el temor fue la gran pared que encontré y que disminuyo mi confianza a participar con el ritmo de una competencia. Mi tiempo fue de 5’39.58, para los expertos quizá sea causa de susto para mi representa un gran reto superado en mi vida, la alegría de conocer, compartir y participar con un equipo de personas tan lindas a las que ahora puedo llamar amigos, al Profe que tiene mucha paciencia y cariño (gracias).

 

Al llegar vi al grupo en los graderios y tuve la fuerza para picar los últimos cien metros, como si solo yo hubiese llegado, la alegría de ver a mi hermano mellizo que me había esperado en la pista fue inimaginable (te quiero un montón), el animo y los abrazos con todos los compañeros en un solo corazón grabado con el Nombre de ECUADOR!! Y el RUTA 42.

Gracias a Todos, quiero felicitar y expresar mi sincera admiración a Margarita Balseca de Romero, por ese ejemplo de constancia tenacidad y el buen ambiente que le pone a todo y en todo momento, a la Stephie con quien compartimos la habitación en el hotel los nervios anteriores y la alegría posterior a la competencia, al Andresito Romero con su acostumbrada alegría y sus palabras de aliento frente al temor y al desaliento, a la Anita Maria por su Ejemplo de Amistad se lleva doble medalla Anita y al Moni por que si bien es cierto tuviste una mano y una voz que te alentó, tu tomaste la decisión de seguir eres muy valiente! …espero que podamos hacer muchas carreras juntas, a la Ceci, Merci, Bayron no digo más nombres porque me van a faltar pero todos saben que la experiencia se queda grabada en el lugar que nadie lo puede borrar, nuestra mente y nuestro Corazón Rutero.

Un Abrazo

Elizabeth