| Autor: | Vladimir Gabela |
| Lugar: | Buenos Aires - Argentina |
| Fecha: | domingo 29 de octubre de 2006 |
QUITO, OCTUBRE DE 2004
Veía un grupo de atletas trotando en La Carolina, todos muy dedicados de todas las edades, atentos a lo que el entrenador decía, bien equipados, felices de hacer deporte, quienes son?, cuanto tiempo corren? corren durísimo, son muy duros dije, parecen profesionales, en fin yo trotaba suave, empecé con media Carolina y el resto de la vuelta caminaba, quería bajar de peso, con mi querido deporte el tenis no lo podía lograr, es un ejercicio anaeróbico, y mas si solo jugaba dobles con los amigos, ya que singles uno contra uno era demasiado fuerte, porque solo tenía lesiones del codo, hombro, espalda, rodilla y talón; ese trajinar por casi 30 años en el deporte blanco que me hizo conocer tanta gente, clubes, países y hasta la dirigencia deportiva, me produjo esas dolencias; un amigo me decía “no les pares bola a las lesiones, porque sino debes dejar de jugar”. Y ahí si fregados hubiera pasado las 215 lbs. que pesaba en ese momento.
Cuando un sábado me atreví a preguntar a unos de sus integrantes, que quiénes eran y cuánto entrenaban, y me contaron algo del club y me sugirieron que hablara con el entrenador, RAULITO, y luego de eso empieza mi historia en el grupo “Ruta 42”.
Me sorprendí cuando vi que había gente de todas las edades y peor aun cuando supe que eran maratonistas, dije están locos, como pueden avanzar esa distancia, en mis adentros con tanta lesión estaba deportivamente acabado, pero dije, si ellos pueden porque yo no.
BUENOS AIRES, NOVIEMBRE DE 2006
El avión de Lan aterriza, estamos semidormidos, cansados por el largo vuelo, nerviosos porque se acerca la hora cero, preocupados porque salga todo bien, que la gente del grupo esté sin problemas... como deportista y como extranjeros siempre uno se preocupa.
Cuando vi para atrás en el bus que nos llevaba al hotel, era una cascada de sombreros de paja toquilla con el logo del Club y las letras de Ecuador, lleno de caras emocionadas que iban por una meta: sí la MARATÓN de esta aun desconocida ciudad para mi; venían los pensamientos: no podemos quedar mal, era el esfuerzo de tanto entrenamiento, sacrificio, de mucha gente que nos ayudó y que estaban pendientes, entrenadores, la familia, amigos, compañeros de trabajo, etc.
Estaban frescos los relatos de la Maratón de Guayaquil, carrera que tuve la suerte de correr y terminar el año pasado, que duro, diga lo que diga la ñaña mona, que carrera más fuerte, el clima no ayuda, es un infierno, pero si ellos en esas condiciones pudieron, creo que nosotros también lo haremos, aquí tendremos mejor clima, un recorrido plano. Tranquilos, pero como dice mi comandante Valdemar, cada maratón es diferente, y se necesita de un artista para correrla y conquistarla.
Recordaba cuando mi papi, deportista a morir, vicecampeón sudamericano de tenis de mesa y luego dirigente deportivo de Pichincha, me dijo si quería ir a la llegada de la maratón de los Juegos Panamericanos, en el año 1970, realizados en Quito en el Estadio Olímpico Atahualpa, ir ver a esos súper atletas que eran unos monstruos; me dijo que esa es la última competencia de los juegos porque es la más dura, y difícil... no estaba equivocado.
Escuchamos las últimas instrucciones de nuestro entrenador, un día antes de la competencia, nos dijo: “ustedes deben correr los tiempos que tienen, no muy conservadores, no se desperdicien, tampoco abusen que después eso se paga caro. NO LLEGAN”; le dije: “profe voy con un traje NIKE último modelo añiñadote, para que por lo menos digan que malo ese corredor pero que elegante...”
Ya en serio, teníamos unas tres pulseras, que Bairon, nuestro gran amigo y Cónsul Plenipotenciario General de Loja en Quito, gentilmente nos hizo en su office, con los tiempos.
Había que seguir al pie de la letra, sonó el disparo y empezó, si señores, empezó, el gobernador de Arkansas, en la TV dijo que había hecho una lista de 21 personas a las que dedicaba la carrera, milla x milla porque le inspiraba y le daban fuerzas, igual que yo, ese señor había bajado casi 50 lb. desde que empezó a correr, milagroso...
Como corríamos en kilómetros tenía que hacer una lista de 42 personas; hubiera tenido que molestarle a Bairon con unas cuantas pulseras más, para acordarme de todos; a la final le dediqué a Juan Andrés mi sobrinito querido, a mi papi que está en el cielo y a mi adorada hija: María Virginia.
Dejábamos el estadio de River; debía regresar 4 horas 35 min. después de dar una vuelta por “mi Buenos Aires querido”; llovía mucho; todo estaba mojado, habían lagunas de agua; estaba muy ventoso; me dolían los pies, porque habíamos caminado mucho el día anterior, con otros zapatos que no eran del trote; estaba pesado, me salían fideos por las orejas, era esa dieta de carbohidratos que nos recomendaron, tanto entrenamiento, vitaminas con ”pinchazos”, dietas, tiempos, equipos, todo se venía a la mente... esas “largas” hermosas que hicimos en el chaquiñán, donde vivimos momentos muy especiales; hacíamos unas “largas” inolvidables disfrutando del paisaje y de los amigos... recuerdo una larga que hicimos con la Martita conversamos mucho de la vida, de las familias, de los amigos, etc., por supuesto acompañados de unas lagrimitas, pero en fin con esta meta de correr, ese desafió, la maratón, fue inolvidable. Y en fin, me sentía mal físicamente, dije: “llegaras, pase lo que pase, vivo o muerto”; conforme el cuerpo se calentaba me sentía mejor, Km. 4 estaba mucho más suelto, empecé a disfrutar, a correr como sabía, estaba un poco retrasado en el tiempo y dije me igualo; tengo que cumplir conmigo mismo, con el profe y con el club; como dice el Andrés Romero “!a lo que vinimos! viva Malacatos”.
Estaba sólo, ya en mejor estado, me emocioné cuando me encontré con Elizabeth; era la primera persona del club con la que me veía, por esa zona hermosa del Hotel Alvear, me dijo que siguiera que se encontraba bien, mis panas o cotejas no asomaban, en la partida había mucha gente y nos perdimos; empecé a ir con un grupo de peruanos que llevaban unas chéveres camisetas con el nombre de PERÚ, era un grupo de cinco personas, tenían mi ritmo, conversábamos cuando podíamos, nos ayudábamos, y siempre es bueno estar en grupo, te entretienes y tratas de olvidarte del cansancio.
Me venia a la mente lo que Mónica Cárdenas nos dijo: “no se confíen, lleven líquidos, estamos en Latinoamérica”; así es no habían los abastecimientos que estaban en el Internet, tampoco habían baños, ya en el km. 21 vi mi reloj y estaba 3 min. adelantado estaba, con buen ritmo, era este grupo que me jalaba y estaba más rápido de mi velocidad normal. Tome la decisión de entrar a una gasolinera para ir al baño, no quedaba otra ya no aguantaba más.
Cuando salí sentí que perdí el ritmo, no sé que me pasó, de pronto estaba muy rápido, no sé, pero me empezó a doler mi lesión del ligamento, me dolía mucho, esa para me fregó, pero había que seguir, ya venía el cansancio, los dolores, pero era superable; luego continué y a una peruanita se le cayó un recipiente de gartorade, muy comedidamente, le recogí, y por esa inclinación del cuerpo se me cayó uno de mis recipientes, ella se paró, yo regrese, y me caí; el suelo estaba muy resbaloso, todos pararon, me ayudaron, y seguimos; no había tiempo para lamentarse, pero me seguía doliendo la lesión, Luego vi a Marielisa la esposa de Ricky que estaba tomando fotos, que alegría, era la segunda persona del club que veía, que chévere dije.
Por la bombonera me pasó Ricky Maldonado, estaba con un buen ritmo, le dije que siguiera, yo me sentía que perdía velocidad, estaba empezando a pagar caro la velocidad de la primera parte de la carrera, pero debía seguir; sabía que venía lo más fuerte, ya no sentía mis piernas, cada vez éramos menos los sobrevivientes; se quedaban, algunos regresaban, otros se lanzaban al piso, ya no podían más; empecé a consumir el liquido que llevaba ya que los puestos de abastecimiento no tenían nada; en los de frutas solo se veía cáscaras en el suelo pero no había nada más; me daba muchas ganas de una naranja o una banana pero todo se acabó; seguía lloviendo, estábamos solos, no habían aficionados, solo la gente de la organización: que triste era; ahí es cuando vienen esos pensamientos de retirarse, el cuerpo ya no da más, qué locura, para que nos metimos en esto, es tremendamente fuerte, mentalmente desvarías, físicamente estaba agotado.
Km. 38. Juan Andrés: te dedico este kilómetro, voy a llegar, así como quiero que tu llegues a tu meta; ganarle a esa dolencia que tienes, no nos dejemos, si podemos, claro que podemos.
Km. 40. Mavi: te quiero mucho, tu eres la razón de mi vida y deseo pronto estar juntos; me pegué a un grupo de argentinos que estaban en las mismas condiciones, pero se daban fuerzas; ya llegamos, vamos, nos falta poco; de reojo vi el estadio de River; faltaba poco, me temblaba la pierna izquierda, era principio de calambre; bajé el paso, si me descuidaba hasta ahí llegaba.
Km.42. Papá: te dedico esta parte de la carrera, dame fuerzas; ya no falta casi nada, bordeamos el estadio monumental; estábamos por llegar en la recta, antes de entrar a la pista ya había gente, los familiares de los corredores, estaba un grupo de Ruta 42, eran las señoras del flaco Rodríguez, Hugo Pérez, las hijas de Pepe Orellana y Mario Jarrín, nos dieron mucha fuerza” ¡viva Ruta 42! ¡viva Ecuador¡; vamos, estábamos por llegar, se hacía interminable; parecía que iba en cámara lenta; muchos pensamientos se venían a la cabeza, el mundial del 78, “las largas”, ¿los amigos que corrieron en Washington cómo estarán?.
Pasé la meta... es indescriptible esa sensación, qué felicidad, gané, sí, gané, me gané, pasé la meta, es mi victoria.
Vlady
















