Ruta42

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Enfrentarme a ese monstruo de 42,2 Km

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Autor:Rubi Torres
Lugar: Maratón de Guayaquil
Fecha:Octubre 2 de 2006


Seis días a la semana he entrenado para enfrentarme a ese 'monstruo" de 42,2 Km. Dos días para el fortalecimiento anaeróbico (potencia y la velocidad), y el resto para la parte aeróbica (la acumulación de kilómetros). Finalmente a las 05h00 del 1 de octubre de 2006 me encontraba en la partida de la segunda maratón organizada en Ecuador.

Estaba muy emocionado, pero con muchas dudas ¿Todo el entrenamiento realizado me permitirá recorrer los 42,2 Km por las calles de Guayaquil, y no morir en el intento?

Raúl me indicó que debería estar en capacidad de cruzar la meta en menos de 3h45, es decir a una velocidad promedio inferior a los 5'20" por kilómetro. Nuestro presidente Eduardo, que corrió la maratón del 2005, nos invitaba a ir en grupo los primeros 35 Km máximo a 5'30". Después de mucha reflexión decidí a última hora ser conservador y seguir el plan de Eduardo. Si bien es cierto, el entrenamiento en altura es una ventaja, Runner's World ("It's taper time") aconsejaba que se debía añadir hasta un 10% al tiempo previsto para condiciones de alta humedad y temperatura. No había corrido 3 Km y estaba empapado en sudor. En consecuencia no debía ilusionarme con las 3h45, sino ser realista y considerarme más que satisfecho si completaba la maratón en menos de 4h10.

Tenía buenas referencias sobre los puntos de abastecimiento en la primera maratón de Guayaquil, así que era innecesario llevar el cinturón con el que había entrenado y que me permitía hidratarme alternadamente con agua y bebida isotónica. Pero solamente entregaban agua, así que presentía que la falta de reposición de electrolitos tendría sus efectos. Crucé los primeros 21,1 Km en 02h02, prácticamente dentro de lo esperado para el ritmo inicial. Nuestro apreciado ex-tesorero Eduardo se había despegado, intenté seguirle, pero no logré alcanzarle. Hasta el kilómetro 30 mantuvimos un ritmo de constante, pero el sol ya se presentó con todo su esplendor. A Eduardo Moreno ya no lo divisaba. Eduardo Naranjo se acercó, me preguntó como iba, le dije que bien y siguió hasta también desaparecer en el horizonte.

En el kilómetro 32 tenía suficiente fuerza muscular, pero mi corazón había superado de sobra mi umbral anaeróbico. En realidad estaba más allá del 90% de mi frecuencia cardíaca máxima. Me faltaban todavía diez kilómetros y sentía que se me terminaba el combustible. Disminuí dramáticamente la velocidad, pero escuché la voz de Erick Albornoz, quien venía manejando su paso como reloj suizo. "Ahora es cuando nos sirve el entrenamiento, las cuestas y los piques" ... "este monstruo no nos va vencer, si podemos $#%@!!" gritaba Erick. Alrededor del kilómetro 36 encontramos a algunas personas que habían abandonado y otros compañeros que no querían dar un paso más por el ataque de los calambres. La gran avenida que conduce al estadio de Barcelona se veía infinita, y se vuelve una eternidad después de haber corrido más de tres horas.

"Tenemos que pisar juntos la alfombra" le decía (léase "balbuceaba") a Erick. "Solo dos kilómetros más" me contestaba. Entramos a la Av. 9 de octubre, y ahí estaba nuestro querido entrenador Raúl gritándonos a todo pulmón que ya llegábamos. Me llené de adrenalina, era el momento de entregarlo todo y de picar con todas las fuerzas. Grité "vamos Erick, el último esfuerzo." Realicé un pique de unos pocos metros y Erick no me siguió. Continuaba con su ritmo constante que lo había mantenido desde que inició la competencia. Me frené y le esperé. Teníamos que pisar juntos la alfombra. Si estaba a punto de completar mi segunda maratón era por él, quien había disminuido su ritmo muchas veces para rescatarme de mi agotamiento.

Nuevamente le insistí a Erick para hacer un 'sprint' (seguramente de 7'/Km). Arranqué unos veinte metros pero tampoco me siguió. Me frené y le esperé por última vez. Nos faltaba unos 200 metros, pero en esos 'piques' había consumido (si me quedaba algo) los últimos miligramos de glucógeno.

Recuerdo los últimos metros como una escena en cámara lenta. Erick y yo pisamos la alfombra juntos. Caminé unos cuantos pasos y me senté en la primera silla a mi alcance. Todo el equipo de Ruta 42 que había corrido la media y que ya había terminado su maratón (¡¡ Mauricio estuviste espectacular!! ), estaba muy preocupado. Me dieron plátano, Gatorade, agua y me contemplaron durante los minutos que tardé en recuperar la conciencia. Y adivinen quien me quitó el chip de mi zapato y me lo puso en mi mano. Si, Erick.

Mi tiempo no fue menos de 4h10 (no se exactamente cuánto porque no había parado mi cronómetro), sin embargo, me siento satisfecho de estar practicando esta actividad que me permite tener una vida saludable y activa, y de ser parte de un grupo de personas tan especiales como los de Ruta 42.

Rubi

 

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Última actualización el Jueves, 22 de Enero de 2009 22:33  

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