Indiscutiblemente cada maratón es distinta y el hecho de correr una mas nos deja una gran satisfacción por la meta cumplida, pero también una serie de sentimientos latentes. A continuación quisiera contarles un poco de la nueva experiencia vivida y que sentimientos me dejo.
Para comenzar estaba muy ilusionada de viajar a Washington para correr la Marine Corps Maratón o la Peoplesmarathon (como la llaman también) y para conocer esta ciudad en la que nunca antes había estado. A pesar de no haber podido cumplir a carta cabal el entrenamiento (me hubiera gustado por lo menos repetir 2 largas de 32km) estaba decidida a cumplir con mi meta que al igual que en las otras 3 maratones anteriores era no caminar. Cada uno sabe que la maratón es una competencia contra uno mismo y la verdad es que el hecho de correr con mi marido es muy agradable y divertido, pero ninguno de los dos compite contra el otro. Solamente tratamos de acompañarnos el mayor tramo posible y después cada uno va a su ritmo. Esta vez fue muy distinto porque solamente corrimos juntos las primeras 5 millas y luego nos separamos.
Antes de relatar lo que aconteció el dia de la maratón quisiera contarles un poco sobre el preámbulo. Llegamos a Washington 3 dias antes de la maratón, con la idea de poder vernos con amigos ecuatorianos muy queridos que viven allá y conocer la ciudad. Luego del grato encuentro con los amigos, nos sentimos más emocionados de correr la maratón ya que prometieron ir a hacernos barra, claro que también con un poco de miedo de no poder cumplir con las expectativas. Siguiendo los consejos de Luchito Romero y Carlitos Basantes, decidimos no caminar mucho para conocer la ciudad sino tomar un tour guiado que incluía recorrido en bus por la ciudad y paseo en bote por el rio Potomac. Todos los monumentos y los museos parecen estar muy cerca al lado del otro y uno tiene la sensación de que puede conocer todo caminando. En el bus habíamos 24 personas de diferentes nacionalidades y dió la casualidad que la mayoría eramos ecuatorianos (8 personas), asi que fue muy agradable ir departiendo con los coterráneos. No hay duda de que Washington es una ciudad hermosa, que fue diseñada para ser capital; la parte del Mall es impresionante con una simetría perfecta desde el Capitolio hasta el Lincoln Memorial. El monumento a Korea me impresionó mucho porque encontré entre las fotos de la gente que participó en la guerra a un soldado exacto a mi hermano, en fin no hay duda de todos tenemos clones en algún lugar del mundo y que las fisonomías se repiten. En el monumento en honor a Marthin Luther King una de las frases que mas me emocionó leer fue la siguiente: “Las tinieblas no pueden disipar a las tinieblas, solo la luz puede hacerlo; el odio no puede desterrar al odio, solo el amor puede hacerlo”. Ojalá que el mundo y los políticos algún dia puedan seguir esta propuesta! En fin, terminamos el recorrido y el chofer del bus que era peruano tuvo la gentileza de dejarnos prácticamente en la puerta del hotel que quedaba en el corazón de Georgetown (el barrio universitario de Washington, con un ambiente increíble) y asi nos evitó una buena caminata hasta el metro en un frio con viento que si calaba los huesos.
El dia sábado fuimos a la feria para recoger nuestros números. Los pronósticos del tiempo estuvieron exactos y se cumplió la lluvia con nieve que habían anticipado. Fue un dia muy, muy frio y teníamos nuestras dudas de que si el domingo iba o no a ser soleado como habían pronosticado. En la feria nos guarecimos del temporal y tuvimos el gusto de encontrarnos con José Vicente, su mamá y su hijo José Manuel. Una cosa novedosa es que ya no entregaban el chip para ponerlo en el zapato, sino que estaba incorporado en la parte de atrás del número de papel. La feria no fue particularmente buena, faltaron muchos stands de marcas que habíamos visto en otras ferias,(por ejemplo, no había ni Garmin, ni Polar, solo Timex!) tal vez porque el sitio era muy pequeño. Además tuvimos que esperar mucho tiempo haciendo cola en la intemperie(mientras nevaba) para entrar, ya que los marines revisaban a cada persona en la puerta. Uno piensa para sus adentros que es mucha exageración, sin embargo delante mio un policía le sacó un cuchillo de matarife a un chico aparentemente inofensivo que estaba antes que nosotros y además vimos varias navajas tiradas en el piso, que habían sido incautadas antes. Volvimos al hotel un poco asustados por el temporal y muertos de hambre. Luego salimos a comer con una amiga que trabaja en la embajada ecuatoriana a un restaurant bonito en Bethesda, donde la mayoría de gente ya estaba disfrazada por Halloween. Regreasamos al hotel, y luego de dejar todas las cosas listas para la maratón nos fuimos a dormir confiando en que los brujos del clima no se vayan a equivocar.
El dia de la maratón amaneció con un sol radiante pero muy frio. La gran disyuntiva era que ropa ponerse para correr, al final optamos por 2 camisetas mangas largas, las mallas de correr largas y la chompa rompevientos, no queríamos congelarnos como cuando corrimos en New York. El momento de probar mi I-pod, oh sorpresa, no se había cargado! Lo había dejado toda la noche cargando y no se que paso, pero no se prendía. Se me encogió un poco el corazón porque siempre he corrido con música y sobre todo esta vez estaba muy ilusionada porque le había pedido a mi hijo Juan Pablo que me grabara música de los 70 y 80 (mi generación) para poder correr al ritmo de “mi música”. Mi hijo se quedó hasta la 1 de la mañana en vísperas de nuestro viaje, bajándome del computador toda la música y me dio pena que su esfuerzo no haya servido. En todo caso, al mal tiempo buena cara! Antes de salir del hotel, volvi a chequear todo, gorra, guantes, gafas, garmin, cinturón, 2 botellas, dinero, tickets para el metro y las tabletas de feldene flash. Todo en orden! Tranquila. Llegamos al metro después de caminar las siete cuadras desde el hotel y ya entrando en calor después de la caminata. Era muy emocionante ver a la gente que se iba uniendo a nosotros, todos en dirección al metro. Al parecer habíamos acertado en la vestimenta porque todos llevaban mallas largas y rompevientos. Al llegar al punto de partida nos encontramos con José Vicente y nos tomamos la foto de rigor. Nos reimos cuando la fotógrafa nos preguntó de que país eramos a pesar de que los tres llevábamos la camiseta de la selección del Ecuador. Antes de la partida decidimos dejar las camisetas interiores porque el sol ya brillaba en todo su esplendor y parecía que el frio no iba a durar mucho tiempo, pero nos quedamos con los rompevientos Solo José Vicente fue valiente y corrió en shorts y sin rompevientos, al verle las piernas me di cuenta que me había olvidado de algo, el tenía las bandas para las rodillas en ambas piernas. Todo el entrenamiento de las largas había corrido con mis bandas y Mario Tumipamba me había aconsejado que mejor corra con ellas, pero ya no había nada que hacer! Un poco antes de la partida se elevaron 4 aviones-helicópteros igualitos a los de la película Avatar, realmente un espectáculo! El ambiente era muy emocionante. Con música a todo volumen!
Salimos todos desde el cementerio de Arlington, hubo una sola partida para todos, no hubo oleadas. Incluso los parapléjicos salieron con nosotros. Las primeras millas corrimos muy apretados por la cantidad de gente y resultaba muy difícil pasar. Me impresionó mucho la cantidad de mujeres que corrían por sus maridos, novios, hermanos o hijos. Todas corrían con las fotos de sus seres queridos en la espalda, la mayoría eran chicos muy jóvenes. Además había muchos hombres corriendo con banderas para apoyar a los soldados y a sus regimientos. En la milla 3 hubo una parte en que todos disminuyeron el paso porque había todavía partes del pavimento que estaban con una capa de hielo por la nevada de la víspera y todos tenían miedo de resbalarse, por suerte fue un tramo muy corto. En la milla 5 me separé un poco de Marcelo porque comencé a pasar gente por el lado derecho y el se quedó a la izquierda y luego ya no lo volvi a ver. Necesitaba un pacer, porque el reloj me marcaba velocidad promedio 10.5 pero no sabía que significaba, no podían ser kilómetros, peor millas! No corro con lentes, asi que no podía ver las unidades porque eran letras muy chiquitas. Decidí ignorar esto y solo guiarme por el tiempo y la distancia, además de mis pulsaciones. Delante mio corrían 2 chicas que según Marcelo debían ser triatlonistas, por sus cuerpos y porque tenían escrito algo en las pantorrillas, cuando me acerqué pude leer el nombre: Ken Hass. Seguí las pantorrillas de ellas todo el tiempo, fueron mis pacers hasta la milla 20 donde se demoraron tomando líquido y las pasé. Me hubiera gustado preguntarles quien era Ken, pero ambas tenían auriculares y parecían muy concentradas en la música. De vez en cuando se oía un grito de alguíen por atrás que decía: cuidado, cuidado, estoy viniendo por la izquierda! Se trataba de algún minusválido que venía a toda velocidad en su silla de ruedas. Asi que había que estar muy pendiente sobre todo en las partes más angostas del recorrido.
Había muchos tramos de la maratón en donde no había mucha gente animando a los corredores asi que solo se oía el ruido de las pisadas. Era la primera vez que me percataba de esto al ir sin mi música. Es emocionante oir el ritmo simultaneo de miles de pisadas! Como Washington es una ciudad completamente arborizada, corrimos por muchos tramos donde solo se veía bosque y a un lado el rio, no había espacio para los espectadores en estos sitios, asi que no se oían los gritos de aliento, sino solo el eco de nuestras pisadas, una música distinta!
Al llegar a la milla 15 estaba muy pendiente de la gente, ya que nuestros amigos habían ofrecido ir a animarnos en este sitio, miré y miré pero no los identificaba, trataba de mantenerme en el medio, para que puedan verme en caso de estar en uno u otro extremo de la acera, pero nada. No los vi (luego nos enteramos que no pudieron llegar a tiempo porque la policía había cerrado muchas calles), luego los esperaba nuevamente en la milla 17, que era el otro lugar convenido, de nuevo nada! Solo una persona a lo largo de toda la maratón identificó la camiseta de la selección y me gritó, vamos Ecuador. Qué diferencia de la maratón de New York en la que muchísimos ecuatorianos nos gritaron todo el tiempo “si se puede” (no en vano N.Y. es la tercera ciudad de Ecuador!) o en Berlin, donde nos pusieron el nombre con el número, asi los espectadores identificaban a los corredores y le gritaban por el nombre para alentarlos. La verdad es que ya en la milla 21 estaba muy cansada y estaba necesitando un poco de barra, pero al ver pasar a una pareja que empujaba el coche de su hija dejé de pensar en mi y en lo cansada que estaba. La niña tendría unos 8 años y era tetrapléjica, sin embargo tenía una sonrisa de felicidad impresionante en su carita. Me emocionó mucho ver su expresión y seguí con nuevas fuerzas. Al llegar a la milla 22 en Crystal City, disminuí el ritmo para intentar ubicar a Marcelo porque en este tramo de la maratón los corredores se cruzan por una circunvalación en una calle de 2 vias y se pueden ver por un tramo de más de una milla. Sin embargo no logré ver a Marcelo ni adelante, ni atrás mio y me quedé preocupada pensando si le habría dado algún calambre. Hablando de calambres, comencé a sentir la pierna derecha muy pesada desde la milla 20, me tomé el feldene Flash, pero no sirvió de mucho. En la milla 24 ya comencé a cojear y un señor se acercó a preguntarme si estaba bien. Le dije que si y decidí no parar porque sentía que si paraba para estirar, ya no podía continuar. Tomé gatorade y mejoró algo el dolor. Ya solo faltaban 2 millas, asi que continué pero disminuyendo el paso. Lo peor fue pasar el intercambiador por encima de la carretera, después de pasar el pentágono, en este tramo ya había mucha gente extenuada que estaba caminando. Es una cuesta bien larga pero faltando una milla había alguien con un letrero que decía: “el sufrimiento es temporal, terminar es para siempre”. Nueva dosis de adrenalina ¡ al marcar mi reloj los 42 km, aceleré el paso para rematar, pero después de 200 metros me dí cuenta que no aparecía la meta. En fin, crucé la línea con un tiempo de 4:08:25. Acabé con el garmin marcando 42,5 km. Claro como uno tiene que correr en zigzag para pasar a la gente corre en total un poquito más de los 42,195 km. De todas maneras estaba satisfecha, ya que cumplí mi meta nuevamente de no parar y caminar!
Al estar haciendo la cola para la foto vi a Marcelo que estaba en otra fila un poquito más atrás mío. Que tranquilidad y felicidad encontrarnos y sentir que todo terminó bien. Seguro que hay muchas cosas que quedan por contar, pero les diré que Washington es maravilloso y que vale la pena correr esta maratón, a pesar de lo difícil de su recorrido. El ganador de este año (Chad Ware) cruzó la meta en 2:19:16 es teniente del ejército, tiene 27 años y está preparándose para ser capellán. La primera de las mujeres en cruzar la meta lo hizo en 2:45:28.
Lo increíble de cada maratón es que luego de cruzar la meta, se olvidan todos los dolores y el sufrimiento. Fue una maratón muy especial para mi por muchas circunstancias y sobre todo que al final tuve como recompensa unos días en la playa para celebrar los 30 años de graduadas del colegio con mis amigas y por supuesto mi cuarta maratón!


















