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Los hombres también lloramos....

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Los hombres también lloramos....
Autor:Luis Eduardo Moreno R.
Lugar: Moorea (Polinesya Francesa)
Fecha:febrero 9/2002
Tiempo: 4.10.59
¡Hola Solé y Raulito!, siento grandes deseos de llorar de alegría por haber logrado culminar esta maratón, que me propuse hace dos años. El éxito de todo esto se lo debo a mi profe Raulito y a todo el grupo que componemos esta familia. Tuve que cambiar las instrucciones de mi profe, debido a la temperatura reinante en estos días.
  

Mis primeras lágrimas brotaron de mis ojos, cuando aquella mañana, sentado en aquella silla del avión, me dirigía a Tahití, en la Polynesia Francesa. Era mi primera maratón y sentía miedo al pensar en el fracaso. Había dedicado esta carrera a una persona muy especial: a mi hijo, que a temprana edad se había ido de este mundo. No podía fracasar y recordaba aquellas palabras, que un día había dicho mi querido profesor; "quien no es masoquista y aprenda amar al dolor; no podrá terminar una maratón".

Empecé a elaborar un plan, con el único fin de terminar esta maratón, aunque me costara la vida. Recordaba a cada momento, las últimas palabras que mi hijo me escribió; "sé que voy a morir, pero no tengo miedo, porque tú me lo enseñaste....". De mi maratón les conté a toda mi familia, a todos mis amigos y por lo tanto quienes formaban en aquella época este bello club. Tenía un enorme compromiso y no tenía otra salida que terminar aquella carrera, aunque fuera arrastrándome.

Llegó el día señalado. Estaba en la línea de partida a las 4 de la mañana y lloraba como un niño, pero la noche y el sudor que corría por mi rostro ocultaban mis lágrimas. Me preguntaba a mí mismo: serán lágrimas de miedo o de alegría y hoy entiendo que todas habían sido de alegría.

Los entrenamientos previos a la maratón me pusieron muy nervioso. La temperatura era muy fuerte. Podía calcular que ésta era de 35 a 38 grados.

Debido a este infierno de calor me propuse lo siguiente: correría los 21 kilómetros, dando el máximo de mi capacidad física. Antes que saliera el sol estaba haciendo igual que drácula, para no desintegrarme. La carrera comenzó a las cinco y diez de la mañana, pero el sol salió a las seis y treinta.

Pasé el kilómetro 21, en una hora y 45 minutos, rompiendo mi propio récord. Había cometido mi primer error, pues no había tomado en cuenta todas las instrucciones que había recibido de mi profesor. Miraba aquella tira de papel donde estaban impreso los tiempos que debía hacer, por cada kilómetro o milla y me sentía tontamente orgulloso, que mis tiempos mejoraban, kilómetro a kilómetro.

No podía creer que hasta el kilómetro 21 estaba entre los 20 primeros, pero sí entendía que iba camino al fracaso. Miré mi reloj y marcaba 1 hora y 45 minutos, pero lo más impresionante eran mis 172 pulsaciones. Mi segunda estrategia fue bajar el ritmo y utilizar mi garra y coraje, más todos los compromisos que tenía de por medio. Me esperaba mi hija con su familia. Había posado para la televisión, con la bandera ecuatoriana, donde decía: yo amo al Ecuador. Era el único representante de toda Sudamérica y de habla hispana. Todo esto parecía la torre de babel. No entendía lo que me decían y solo me limitaba a decir: oh si, oh si y mauururu mauururu, gracias en tahiziano. Es la única palabra que he podido aprender, porque siempre llevo en mi mente, aquella frase que dice: loro viejo no aprende hablar.

Mi calvario comenzó. A partir del kilómetro 21, estaba agotado deshidratado. Había pagado las consecuencias, de este gran esfuerzo. Estaba hasta ahora en la mitad de la carrera y sentía terror, al darme cuenta; que no podía terminar el resto de la competencia. Recordaba las frases de Raulito: quien no sea masoquista; no debe dedicarse al atletismo. Como iba a presentarme ante todos mis familiares y amigos, para decirles : he fracasado. Empecé a llenarme de garra y de coraje y me dije : Deshidratado. Había pagado las consecuencias, de este gran esfuerzo. Estaba hasta ahora en la mitad de la carrera y sentía terror, al darme cuenta; que no podía terminar el resto de la p„'( competencia. Recordaba las frases de Raulito : quien no sea masoquista; no debe dedicarse al atletismo. Como iba a presentarme ante todos mis familiares y amigos, para decirles : he fracasado. Empecé a llenarme de garra y de coraje y me dije : Prefiero morir, antes de tener que agachar mi cabeza de vergüenza estaba representando no solamente a un club a mi familia a mis amigos sino a todo un país llamado ecuador que me lo ha dado todo

Cada 2 kilómetros había abastecimientos de bebidas y frutas bebía mas que un camello y mis dos manos las llenaba de pedazos de frutas me portaba como un ladrón en cada puesto de abastecimiento todo lo arranchaba. Todos estos líquidos desaparecían de mi cuerpo debido a la intensa sudoración

Algunos días antes de la carrera había recorrido en auto todo el terreno de esta prueba todo el trayecto era un verdadero paraíso una flora llena de grandes plantas exóticas y un mar con su variedad de gama de colores pero debido al agotamiento físico ya nada de todo esto lo podía ver ni sentir las palabras del profe disfruta de la carrera bacilate la carrera no calaban en mi por fin llego el kilómetro 40 empecé a llorar como un niño

Pero todas mis lagrimas se confundían con el sudor de mi cuerpo entonces me dije si tengo que caminar con mis manos puestas en el suelo como un niño cuando empieza a gatear lo haré pero llegare a la meta

Mi hija me esperaba con la bandera del Ecuador a 500 metros de la meta y ella con sus brazos extendidos y corriendo al lado mío muy orgullosamente enseñaba el tricolor y todo parecía que yo fuera el ganador.

El público y las cámaras de televisión se habían concentrado en nosotros era una gran fiesta y el reloj marcaba mi tiempo 4.10.59.

 
Todo error tiene un precio por el cual tenemos que pagar. Aparentemente iba a terminar mi competencia, en 3 horas y 10 minutos, pero ésta se convirtió, en 4 horas y 10 minutos. El gran compromiso que tenía y el coraje hicieron que pudiera terminar esta maratón. Los errores cometidos en mis tres maratones, me servirán de experiencia, para no cometerlos en Chicago. Muchos queremos aprender y vivir en carne propia y no aceptamos los consejos de aquellas personas con experiencia, pero estos errores los podemos pagar muy caro. Nunca es tarde, para comenzar una nueva vida y les deseo a todos ustedes, el mejor de los éxitos. El terminar una maratón y cruzar aquella línea de finalización se siente una alegría indescriptible, que durará para toda la vida.

Termino diciéndoles; una frase que aprendí en este club, "la maratón empieza en el kilómetro 32".

Saludos a todos mis compañeros los amo y los quiero porque todos somos un gran Ecuador.

FIN

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