Queridos amigos:Antes que nada, muchísimas gracias a todos por sus buenos deseos. Igualmente un gracias muy especial a los profes Raulito, Renzo y Marito por su guía, paciencia y consejos muy prácticos. Llegamos a NY el Jueves en la noche y lo primero que me interesó conocer fue el pronóstico del tiempo. Para mi tranquilidad el pronóstico era bastante alentador, entre los 8 y 12 grados centígrados. Esa noche fuimos a cenar en un bonito restaurante cerca del Hotel, caminamos un poco y luego a descansar.
Al día siguiente nos levantamos, desayunamos y fuimos a la parada donde un bus nos llevaría hacia el lugar de la feria. Cuando ya estábamos sentados en el bus, me acordé que no había llevado el pasaporte. Las indicaciones decían claramente que para corredores internacionales, solamente se aceptaría el pasaporte como documento válido de identificación. Por suerte el bus no había partido y pudimos bajarnos, ir a una estación del metro y regresar al Hotel a retirar el bendito pasaporte.
Una vez con el pasaporte, volvimos a la misma parada y a comenzar de nuevo el trayecto hacia el lugar de la Feria. Una vez allí, me impresionó la cantidad de gente. Era Viernes y estaba atestada de gente. Por suerte la buena organización permitió que pueda retirar el chip sin mayor problema y relativamente rápido. Luego a las compras y vámonos de allí antes de que se acabe la plata!!!
En la tarde fuimos a reconocer el lugar donde mi esposa me esperaría el día de la Marathon. Pudimos caminar por el Central Park admirar la belleza del Otoño y quedar gratamente impresionados por esa ciudad que ofrece tanto y para todos los gustos. Finalmente y para rematar el día fuimos a ver un clásico de Broadway, Mary Poppins. Luego de eso a descansar como Dios manda.
El Sábado salí a correr en el Central Park. El clima estaba un poquito frío pero bastante agradable para correr. El Central Park estaba lleno de corredores y me imagino que la mayoría de esos estaba haciendo el último de los entrenamientos antes de correr la Marathon al día siguiente. Al llegar al Hotel, me encuentro con un italiano quien al igual que yo iba a participar en la Marathon, solo que para él esta sería su sexta vez en la carrera. Me cuenta que su mejor tiempo fue menos de tres horas. Conversamos un poco más y nos deseamos suerte mutuamente.
Para aprovechar el día vamos en la mañana al Museo de Historia Natural que está muy cerca del Hotel. Decido hacer una visita relámpago y luego a comer algo de pasta. Luego al Hotel a descansar y prepara todo para el siguiente día.
El día de la carrera, me levanto temprano, sigo al pie de la letra lo que había planificado y me dirijo al metro. El clima está perfecto, un poco nublado, corre un viento un poco frío pero bastante soportable. En el metro me encuentro con otros “locos” y conforme pasan las paradas el tren se va llenando de más y más corredores. Al bajarnos en la estación del Metro para tomar el Ferry que nos llevaría a Staten Island, me doy cuenta de la cantidad de corredores que están siendo transportados hacia la salida y me alegro de ser parte de esa multitud de personajes cada uno con su propia historia, con sus propios objetivos, con sus propias metas y frustraciones. Me quedo sorprendido de la variedad de nacionalidades, Rusos, Eslovacos, Franceses, Españoles, Venezolanos, Italianos, Suizos, Holandeses, etc, etc. y pienso en donde estarán los otros Ecuatorianos. Hasta ese momento no había visto a ninguno o por lo menos no los había reconocido.
El momento de la partida es emocionante. Un cañonazo y luego Frank Sinatra cantando New York, New York. Comienzo con una gran energía y decido correr máximo a 150 pulsaciones por minuto, de acuerdo a lo planificado. Todo se ve muy bien, la gente, el ritmo, etc. Termino el primer puente, el famoso Verrazano, y llego a Brooklyn donde nos reciben sus residentes con mucha alegria. Paso por varias bandas de música, principalmente rock y eso me anima. Reconozco a algunos compariotas que portan banderas del Ecuador. Les grito que soy Ecuatoriano y me responden si se puede!!!
Mientras tanto veo que el ritmo cardiaco a veces se eleva un poco y decido siempre bajar para mantener el promedio alrededor de 150 ppm. Llego al kilometro 21 y paso la media de acuerdo a lo planificado, en tiempo y en ppm. Veo que una persona tenía una leyenda en su camiseta que decía “No contaban con mi astucia”. Levanto la mirada y reconozco las antenitas de vynil. Le saludo al Chapulín Colorado y le doy ánimos. El hace lo mismo.
Veo que mi pulso comienza a subir y bajo nuevamente el ritmo, pero siento que estoy yendo bastante lento. Al llegar al kilómetro 25 veo que me he retrasado casi 3 minutos de acuerdo a lo planificado. Estoy seguro que eso fue producto de tratar de mantener el pulso de 150 que a esta altura ya no era compatible con el tiempo esperado. Continúo y pienso que tal vez más adelante voy a poder recuperar ese tiempo. Entro al puente Queensboro y veo que tiene una pendiente bastante pronunciada. Comienzo a subir y subir y subir. Siento una pequeña molestia en la pierna derecha, el inicio de un calambre, y decido parar un momento para estirar. Eso ayuda y decido ir más lento hasta terminar la cuesta del puente.
El llegar a la cima del Queensboro siento un alivio y decido bajar más rápido, pero la molestia continúa y no me siento bien. Tengo miedo de que me vuelva a dar el calambre y bajo nuevamente el ritmo. En Manhattan la primera avenida se ve espectacular, muy hancha y con miles de espectadores dándonos ánimos. Yo voy concentrado en la pierna tratando de no hacer ningún movimiento brusco que pueda generar un calambre.
Paso por la calle 86, casi en el kilometro 29, donde habia acordado encontrarme con Renata. Casi no la veo pero me grita y siento una recarga de energía instantánea. Pienso en lo afortunado que soy en tener una esposa que entiende y comprende lo que hago y me apoya en todo. Siento que voy muy despacio pero decido mantener ese ritmo para evitar cualquier calambre. Llego al kilometro 32 (milla 20) y me abro para coger algún líquido. En ese momento siento un fuerte calambre en la pierna derecha. Paro, estiro un poco, me froto fuertemente la parte afectada y puedo continuar. Llego al último puente, que es bastante pequeño comparado con los otros que habíamos pasado antes. Casi al finalizar el mismo por el kilometro 23, nuevamente me viene el calambre y pienso que todo está acabado y que voy a tener que terminar caminando y corriendo como en las ocasiones anteriores. Paro, estiro, me froto pero siento entumecida la pierna.
En ese momento y tal vez por la desesperación, decido hacer algo completamente distinto. Comienzo a aflojar los músculos dando pequeños saltos, como queriendo patear una pelota pequeña. Siento que los músculos se relajan. Decido continuar haciendo esto, pero esta vez tratando de correr un poco. Al principio siento que me veo ridículo haciendo este movimiento, pero me calma. Luego de un rato comienzo a correr tratando de patear algo adelante mio. Funciona. No me molesta la pierna. Comienzo a coger nuevamente el ritmo. No veo el pulsómetro para no atormentarme con el pulso. Llego al kilometro 35 y estoy con mucha fuerza. Comienzo a pasar a muchos corredores y entro al Central Park. Decido acelerar el ritmo y sigo pasando gente. Llego al kilometro 40 y me siento fuerte y corriendo con energía. Finalmente veo la meta y doy lo que más puedo. Llegué. Estoy contento, muy contento. Lo que parecía iba a ser otra maraton con calambres, terminó siendo un remate con mucha fuerza. No hice el tiempo que había planificado, pero me siento feliz de haber completado la marathon corriendo. Recibo la medalla, la beso y le doy gracias a Dios por darme la posibilidad de practicar este deporte.
Finalmente pienso cual será la siguiente…
















