Llegó el día de la maratón, el gran día, para sorprenderme dormí muy tranquilo, aunque no debería ya que hice el recorrido el día anterior y les puedo decir que después de recorrer en auto esos 42 km solo sentía miedo.
Conocí a Vanesa Trujillo ex miembro de Ruta, y quedamos encontrarnos en esa fría mañana junto a Christian. Al llegar, con Vanesa estiramos un poco y solo le decía lo nervioso que estaba, esperamos un rato por Christian pero no llegó y decidimos ir a acomodarnos para dejar las cosas y prepararnos para la salida.
En ese momento encontramos a los compatriotas (competencia) de Zero Límites a quienes saludamos y nos dejaron calentar con ellos. En ese momento apareció Christian, con quien me preparé para la salida.
Finalmente largo la carrera los nervios y las ansias presentes, pero estaba contento; un clima nublado, fresco y con un poco de lluvia, el clima perfecto para correr.
Salimos con Christian, lado a lado, rebasando gente pero íbamos a un ritmo lento y tranquilo; mi reloj marcaba cualquier cosa por lo que no confié más en el. Fuimos juntos y en los primeros 10 km me esperaba mi papá con mis primos; la verdad me llenó de fuerza verlos y ver cómo me animaban a seguir, aunque faltaba mucho. Poco a poco subimos el ritmo y llegamos a los 15 km donde otra vez estaba mi hinchada dándome el apoyo necesario, finalmente entramos a la boca, un tramo tranquilo.
Finalmente salimos de la boca para entrar a los 20 km donde ya sentía la presión, pensando que se venía lo más duro hasta el km 35. En eso entramos a Puerto Madero donde mi amigo Christian decidió quedarse y mantener el ritmo, mientras que opté por subir un poco el ritmo a 5. Ahí comencé solo y concentrado en pasarla bien, ya no tenía compañía y tenía que aguantar a un buen ritmo y llegar con fuerza a los 30km.
Ese tramo del 20 al 35 fue un tramo muy duro una zona no muy linda de Buenos Aires, donde no había mucha gente alentándonos y solo se sentía el silencio de los corredores (todos pensando en el famoso muro); en ese rato veía como poco a poco sentía el peso de la piernas, incomodo con la espalda y bajaba el ritmo un poco, aunque me daba cuenta y lo volvía a levantar. Fue un tramo que parecía eterno, pero la verdad estaba contento, porque estaba haciendo lo que me gusta: correr, y lo hacía en una hermosa ciudad.
Finalmente se acercaba el km 35 y me sorprendía porque me sentía bien y fuerte en ese tramo; había un pequeño paso desnivel, en ese momento comí mi último gel y empecer a acelerar. Salí del desnivel corriendo con fuerza y para mi sorpresa, mi familia y amigos ahí dándome fuerza; decidí que era momento de sacarme el cinturón y acelerar, solo faltaban 7 km, era el momento de mostrar todo lo que tenía; deje mi cinturón y aceleré, entre al último tramo con fuerza, ganas y decisión, solo veía al frente y pensaba en llegar.
Estaba ya en el km 38 y no hubo muro, solo ganas y alegría para dar todo de mi; cada vez aceleré más y me sentía con muchas fuerza y confiado. Finalmente km 40, solo faltaban 2 km, iba a lograr mi primera maratón; saqué fuerza de donde tenía y de una manera que me sorprendió: estaba corriendo a 3: 50 el km; los otros corredores vieron mi ritmo y me animaron a seguir y en ese momento solo pensaba en la meta, la soñada meta, y finalmente la vi, levanté mis brazos, agradecí a Dios por esa oportunidad y llegué.
Fueron las 3:38 horas más increíbles de mi vida, sin duda muchas emociones; estaba contento, finalmente entré en el grupo de los maratonistas y llegué bien, con mucho dolor pero parado, caminando y sonriendo.
Llegaron los abrazos de mi familia y la verdad les debía mucho porque me dieron la fuerza para lograrlo; estaba feliz, una gran meta, y desde ese momento sigo pensando en se vendrán nuevos y mejores retos, y ya sé que nada es imposible; solo con trabajo y dedicación se logran los grandes objetivos.

















